martes, 18 de diciembre de 2012

El síndrome de Diógenes digital del Big Data

En cierta ocasión, el filósofo griego Diógenes se encontró inesperadamente con Alejandro Magno, quien empezó la conversación así: -Yo soy Alejandro Magno. El filósofo contestó: -Yo, Diógenes el cínico. Alejandro entonces le preguntó de qué modo podía servirle. El filósofo replicó: -Puedes apartarte para no quitarme la luz del sol. Alejandro quedó tan impresionado con el dominio de sí mismo del filósofo que se marchó diciendo: "si yo no fuera Alejandro, querría ser Diógenes".

Diógenes de Sinope vivió en el siglo IV a. C. Fue un filósofo griego perteneciente a la escuela cínica. Ahora diríamos de la escuela perruna, porque el término cínico viene de KYON (perro, en griego), denominación originada por el modo frugal del modelo de vida de los filósofos cínicos. Es decir, Diógenes propugnaba lo que hoy llamaríamos una "vida de perros". El uso moderno del término cinismo lleva a la desconfianza en la sinceridad o bondad humana, así como una tendencia a expresar esta actitud mediante la burla y el sarcasmo.

Teofrasto retrata a un cínico de la siguiente manera:
“Es un hombre que maldice y tiene una reputación deplorable. Es sucio, bebe y nunca está en ayunas. Cuando puede hacerlo, estafa y golpea a quienes descubren el engaño antes de que puedan denunciarlo. Ninguna actividad le repugna: será patrón de una taberna y, si es necesario, encargado de un burdel, pregonero e incluso, si se quiere, recaudador de impuestos. Ladrón, habituado a las comisarías y a los guardias civiles, a menudo se lo encuentran locuaz, en la plaza pública, a menos que se convierta en abogado de todas las causas, aunque sean las más indefendibles. Prestamista con fianza, tiene además la soberbia de un famoso y no cuesta mucho imaginarlo. Para completar el cuadro, no olvidemos que el cínico deja, sin sentir vergüenza, que su madre se muera de hambre… ”

Recientemente, el estudio Digital Universe, elaborado por IDC y patrocinado por EMC, revela que a pesar del crecimiento incontrolado que experimenta la información almacenada en los dispositivos digitales, solo el 0,5% de ella es realmente analizada, es decir, el 99,5% de esa información se almacena para nada.
¿De cuántos datos hablamos? Actualmente (2012) se estima que el universo digital está compuesto de 2,8 zettabytes. La tendencia predice que en 2020 llegaremos a 40 zettabytes.
¿Cuánto es un zettabye? Exactamente mil millones de terabytes. Para aproximar aún más la idea, un terabyte se puede almacenar en 250 DVD aproximadamente. O sea, que para almacenar nuestro universo digital necesitaríamos 250 mil millones de DVD. Puesto que cada DVD tiene un grosos de 1,2 mm, la torre de DVD que necesitaríamos para almacenar el universo digital en DVD actualmente alcanzaría una altura aproximada de 300 kilómetros, o sea, alcanzaríamos llegar a la mitad de la Ionosfera, esa región atmosférica ionizada por el bombardeo de la radiación solar y que hace que algunas comunicaciones terrestres de radiofrecuencia se puedan llevar a cabo en un mundo esférico en el que emisor y receptor no tienen visibilidad directa en línea recta.

Este es el campo de trabajo de esa nueva tendencia a tratar grandes volúmenes de datos que es el Big Data, por lo que parece claro que es una nueva vía de negocio y por ello, los expertos no dejan de hablar de ello, junto con cloud computing.

El síndrome de Diógenes es un trastorno del comportamiento caracterizado por un total aislamiento social voluntario, que se traduce en una reclusión en el propio hogar y un abandono de la higiene. Las personas que lo sufren pueden llegar a acumular grandes cantidades de basura y desperdicios en sus domicilios, viviendo en condiciones que rozan la pobreza extrema (pese a que en algunos casos se puede llegar a tratar de personas con un alto nivel adquisitivo). Esta conducta fue bautizada con este nombre en referencia a nuestro Diógenes de Sínope, que preconizaba un modo de vida austero -de perros- con renuncia a todo tipo de comodidades.

Modernamente se habla del "síndrome de Diógenes digital" para referirse a un “defecto psicológico” que afecta a la voluntad de las personas, obligándoles a guardar cualquier contenido de música, vídeo y multimedia en general, que se encuentra en Internet.
La mayoría de esta información se guarda “por si acaso”, “para leerlo luego”, “por si un día me aburro”, etc.; y se van acumulando hasta que llega un momento en el que la capacidad del disco duro del ordenador no es suficiente y surge la necesidad de recurrir a dispositivos de almacenamiento externos.

Algunas recomendaciones sobre cómo afrontarlo y que copio aquí sugieren lo siguiente:
  1. En primer lugar, hay que ser conscientes de que los contenidos que guardamos ocupan un espacio, aunque no sea físico y que, por eso, es necesario hacer limpieza con frecuencia.
  2. En segundo lugar, se debe ser realista y seleccionar. No se puede saber de todo, por lo que hay que tener claro cuáles son nuestras áreas de interés y centrarnos en ellas.
  3. Herramientas de almacenamiento como Delicious nos pueden ayudar a tener ordenados todos esos enlaces interesantes que encontramos diariamente. Además, su sistema de etiquetas nos permite recuperarlos fácilmente si alguna vez necesitamos consultarlos. Con el resto de contenidos se pueden usar servicios de infraestructura en la nube como Dropbox, Skydrive de Microsoft o Google Drive. No obstante, no se trata de transpasar la información de un soporte a otro, se trata de seleccionar qué guardar y qué no.
  4. Lo más importante es evitar que el excesivo bombardeo de información que nos rodea diariamente nos agobie y nos supere. En muchas ocasiones, las personas sufren estrés simplemente por querer abarcar más de lo que son capaces.
En aquella ocasión, Diógenes iba gritando por las inmediaciones del areópago: -¿No hay hombres en Atenas? A sus gritos acudieron unos cuantos que se tenían por hombres. El cínico filósofo, blandiendo su bastón, los ahuyentó diciendo: -¡He dicho hombres, no desperdicios!
En resumen: hay que tomárselo con calma y perder el miedo a borrar contenidos. Antes de hacer clic en “GUARDAR”, piensa si realmente es necesario. Y, con discreción, hazte amigo de la tecla "DELETE".


Alfredo Abad Domingo.
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